Editorial
Entreculturas, Educación, Memoria, Informe Anual, Rendición de Cuentas
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EDITORIAL

El momento es ahora.

Ojalá bastara con dibujar algo en una pizarra para que se convirtiera en realidad. Una escuela, una casa, un lugar seguro en el que encontrar refugio o protección en mitad de la incertidumbre.

 

Probablemente, para la niña que aparece en nuestra portada ése sea el significado de la educación que apoyamos en uno de los campos de refugiados más grandes de Chad, el de Djabal. Una intervención educativa ahora también amenazada por la pandemia.

 

En estos tiempos de vulnerabilidad que nos ha tocado vivir por la COVID-19 es difícil no haberse encontrado en algún momento dibujando con la mente recuerdos felices o escenas futuras de normalidad deseando que fueran reales. Inevitablemente hemos entrenado la empatía, imaginando cómo estará pasando por esta circunstancia cualquier otra familia en cualquier otro punto del planeta, cayendo en la cuenta que siempre, todo, puede tener un mayor grado de complejidad y de dificultad.

 

Seguramente este “hacernos sensibles a las circunstancias ajenas” haya sido uno de los aprendizajes de este tiempo. Un nuevo punto de partida que, quizá, nos conecta con el deseo de un orden mundial más atinado, justo y sostenible. Porque nadie se merece llevar la peor parte en la ponderación del sufrimiento. Porque estamos a tiempo de salvarnos como humanidad y en reconciliación con nuestra casa común.

 

El pasado año me invitaron a dar una charla TED y decidí hablar sobre la movilidad humana, lo absurdo de las vallas contra personas, y lo inhumano del concepto de frontera que manejamos. En mi conversación reflexionaba provocativamente sobre cómo alguien, en el futuro, echará la vista atrás y nos juzgará duramente, como ocurre hoy con nuestra mirada hacia el holocauso, el muro de Berlín, o tantos éxodos y genocidios de la historia más reciente.

 

En el centro de nuestra intervención como Entreculturas está la idea de trabajar para extender la protección más allá de los muros, de promover cambios globales a través de la educación, cambios dirigidos a extender la empatía, a crear escuelas que -como dice una de nuestras campañas- sean refugio para la vida. No solo para la vida de Sanaa, la niña de la portada, sino también para la vida de todos y cada uno de nosotros.

Esta pandemia nos ha hecho conscientes de que no hay planeta B, no hay vida B, y de que nuestro destino está unido al del resto de la humanidad. El momento es ahora y solo será posible de la mano y con la fuerza de los millones de personas con las que estamos empeñados en destruir la categoría de “descartados”, tal y como denuncia con tanta energía el Papa Francisco.

 

Por todas ellas, y junto a ti, seguiremos trabajando con todo nuestro tesón. Que no nos digan que no nos dimos cuenta de lo que estaba pasando en nuestro tiempo. No vamos a dejar a nadie atrás.

Gracias por ayudarnos a hacer nuestra mirada más amplia.

 

Gracias porque tu compromiso fortalece y legitima nuestro trabajo.

Daniel Villanueva SJ
Vicepresidente Ejecutivo de Entreculturas