Editorial
Entreculturas, Educación, Memoria, Informe Anual, Rendición de Cuentas
259
page-template,page-template-full_width,page-template-full_width-php,page,page-id-259,bridge-core-3.0.1,qode-page-transition-enabled,ajax_fade,page_not_loaded,,paspartu_enabled,vss_responsive_adv,vss_width_768,qode-theme-ver-28.5,qode-theme-bridge,qode_header_in_grid,wpb-js-composer js-comp-ver-6.7.0,vc_responsive

LA VIDA SIN EDUCACIÓN NO SE SOSTIENE

2020 ha sido, sin duda, un año inédito. ​​Ya no somos los mismos.
No podríamos serlo. No deberíamos.

Ahora miramos el mundo a través del prisma de la vulnerabilidad compartida, desde el desconcierto de saber que nadie está fuera del alcance de la onda expansiva de una crisis. Y, ojalá, desde esa sombra hayamos aprendido a reconstruir las razones que nos hermanan y a proponer nuevos esfuerzos para sanar el mundo.

 

La pandemia ha visibilizado esos vínculos tan necesarios como sutiles de los que depende la vida y el futuro de nuestras sociedades. Tras este parón forzado tenemos la posibilidad y la responsabilidad de usar esos aprendizajes para producir los cambios urgentes que necesitamos. Nos encontramos ante dos grandes vías de avance: recuperar la importancia de los cuidados y profundizar en la conciencia de interdependencia, y –en ambos– es fundamental el papel de la educación.

 

Sabemos que, sin educación, la vida no se sostiene. La educación es un derecho que abre puertas a otros derechos, es la principal herramienta para salir de la pobreza y para impedir que esta se transmita de generación en generación. Es un derecho y un bien público que permite a las personas crecer y desarrollarse, lo que fomenta sociedades sólidas y cohesionadas.

 

Por ello es acuciante que, todavía con más razón tras este revés que ha supuesto la COVID-19, demos a la educación el papel central que precisa, tanto en el ámbito privado como, por supuesto, en la escala de prioridades de nuestro modelo de desarrollo como sociedad. Ahora, más que nunca, resulta crucial no dejar a nadie atrás. Soñamos con sociedades justas, pacíficas y sostenibles. Esto solo será posible con una ciudadanía bien formada, consciente de la importancia del cuidado mutuo y la necesidad de respuestas comunes a problemas compartidos.

Si no asumimos la centralidad de la educación en estos momentos y apostamos por un enfoque educativo que sea capaz de atender a estas necesidades, estaremos dejando sin herramientas a las futuras generaciones, difícilmente preparadas para una vida que pide cada vez más atención al compromiso y a la conciencia de ser ciudadanos y ciudadanas de un mismo mundo.

 

Es indispensable redoblar la solidaridad global y los esfuerzos de todos los agentes implicados si queremos estar a la altura de este desafío. Porque sin la educación, insisto, la vida no se sostiene.

Daniel Villanueva SJ
Vicepresidente Ejecutivo de Entreculturas